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Últimamente se habla mucho de pedir disculpas. Que si los españoles nos conquistaron. Que si fuimos víctimas. Que si nos arrebataron todo.
Pero… ¿y si miramos las cosas con más claridad?
El cacao es originario de nuestras tierras. Pero el chocolate que tú y yo disfrutamos hoy nació cuando alguien, en algún rincón de la historia, mezcló ese cacao con azúcar, y lo convirtió en una bebida que encantó al mundo entero.
¿Quién trajo el azúcar? Los españoles. ¿Quién cultivó y entendió el cacao? Nuestros pueblos originarios. El chocolate es la prueba más deliciosa de que México no es víctima: es una fusión. Es lo mejor de dos mundos.
Y en lugar de quedarnos atrapados en el resentimiento, tal vez es momento de agradecer la mezcla que somos. Porque cuando se juntan el conocimiento, el sabor y la pasión de distintas raíces… pasa algo mágico. Pasa algo como Rey Amargo.
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